Cuando la nueva normalidad no tiene que ser normal para nadie


Todos hemos escuchado en estas últimas semanas y meses sobre la “Nueva normalidad” y aunque sabemos que nada de lo que está pasando es normal, nos empeñamos (como seres de costumbres que somos) a pensar que si aprendemos sobre esta nueva normalidad todo estará bien. Y sí, no dudo que mientras más rápido nos adaptemos a los cambios, los días empezarán a mejorar para cada uno de nosotros. Pero creo importante que antes de dejar a la “Vieja normalidad” atrás, la recordemos un poco.


Para todos los que vivimos en un mundo en el que lo normal era trabajar en una oficina o visitando proveedores o clientes personalmente, nos conviene no dejar atrás una vieja normalidad: que todos seguiremos trabajando con PERSONAS. Las mismas que tristemente veremos detrás de cubrebocas y que no será tan fácil ver sus reacciones y es ahí donde quiero que seamos sensibles. La nueva normalidad no debe olvidarse de las personas que están trabajando desde sus casas aunque no saben cómo, y trabajarán a su vez en lidiar con su nueva normalidad del “Home Office” (que dicho sea de paso de normal no tendrá nada, por más que muchos digan que mucha gente ya trabajaba desde casa antes y que las cosas no van a cambiar, el teletrabajo que ahora estamos viviendo es totalmente diferente al que se llevaba a cabo en la mayoría de las veces). Hijos que interrumpen reuniones virtuales, o que necesitan que los ayudes con alguna actividad escolar, limpieza que se hace ahora más a conciencia que nunca y tal vez sin ayuda debido a que has querido ser responsable pidiendo a quien lo hacía que se quedara en casa; compras indispensables que te toca hacer ya que eres la única persona que puede salir debido a la condición de vulnerabilidad de los demás miembros de la familia. La misma persona que se levanta todas las mañanas pensando en cómo pagar deudas que ahora no alcanza a pagar o salarios de trabajadores que quiere apoyar y ya no puede hacerlo más; que por la noche piensa que tiene que hacer ejercicio de alguna forma para tener algo de tranquilidad y desahogo de todo lo que pasa por su cabeza todos los días durante esta “cuarentena”, además de por salud, porque hoy debemos estar sanos para aguantar esta crisis y no ser tan vulnerables.

Ahora más que nunca nos conviene recordar que estaremos todos atendiendo, trabajando, conviviendo, dirigiendo o apoyando, pero sobre todo SIRVIENDO a PERSONAS, que al igual que cada uno de los que lee este artículo, tiene su propia historia con el coronavirus. Estarán aquellos que siempre hayan dirigido a su personal desde una forma “normal”, sin tanta tecnología y con un liderazgo tradicional, los que no saben usar una computadora o un programa de administración de proyectos para saber cómo medir a su personal, pero lo que nadie sabe es que nunca tuvieron la oportunidad de hacerlo. Aquellos que no entienden como su jefe no sabe comunicarse en una videollamada y le pagan 3 veces más que a él, sin tomar en cuenta los años de experiencia que tiene esta persona atendiendo clientes de una forma presencial y especialmente cálida.


Habrá los que piensen que es más importante pensar en salarios y en deudas por la presión diaria que sienten y que siempre ha sido “normal” durante 20 años de trabajo, pero que saben que deben hacer cambios e innovaciones si quieren que su empresa siga existiendo ya que sus ventas cayeron y no saben o les da pena pedir ayuda. Las madres o padres que de la noche a la mañana se encontraron no con uno, sino dos trabajos (o más) por hacer, al volverse maestras y maestros junto con la profesión que ejercían. Por ultimo y no menos importante, encontraremos aquellos que quieren aprender y ponen su empeño para ello, pero la situación ha sido tan estresante, que su ansiedad y depresión no les muestra la salida para encontrar por donde empezar por más que haya ganas y necesidad.
Es tiempo de empezar una “Nueva Normalidad”, es cierto. Sólo espero que de normal no tenga nada. Si seguimos haciendo lo mismo que hacíamos antes sin voltear a ver las necesidades de los demás, si esta pandemia no nos ayudó a ser mejores humanos a la hora de trabajar, ser sensibles con las personas que laboran con nosotros, colaboradores con líderes y viceversa, de nada habrá servido. Porque todos nos enfrentamos juntos a esto y cada uno tendremos una moraleja que aprender; no nos cuesta nada preguntar a cada cliente, a cada colaborador o a nuestros líderes y sobre todo a nuestra propia familia y amigos si necesitan ayuda. 
Si empezamos una “Nueva normalidad” de una forma tradicional o como era antes, “Normal” nada habrá valido la pena.